Mérida, una ciudad hermosa, con calles llenas de historia y gente trabajadora, se ha vuelto también un escenario cotidiano de situaciones que ponen los pelos de punta, peatones que cruzan a media cuadra con el celular en la mano, jóvenes con audífonos que se lanzan entre el tráfico sin mirar, y señores que, confiados en la “viveza criolla”, desafían al semáforo en rojo porque “total, los carros frenan”.
Pero ¿y si no frenan? ¿Y si el conductor viene distraído, o va con exceso de velocidad, o simplemente no alcanza a verte? / Redacción C.C.
