Venezuela atraviesa horas que definirán el curso de nuestra historia por las próximas décadas y como universitarios, no podemos asumirnos como simples espectadores de este cambio; somos parte de sus arquitectos.
Hace décadas Nelson Mandela nos recordó que ‘la educación es el arma más poderosa con la que podemos cambiar el mundo’. Hoy, esa frase debe convertirse en nuestra hoja de ruta inmediata.
Los cambios profundos que nuestra sociedad demanda no son sólo políticos o económicos sino también sociales y culturales, tanto en lo individual como en lo colectivo, cambios que nos llevan inevitablemente al ámbito educativo. Una nación se construye y se reconstruye desde sus aulas, desde el pensamiento crítico y desde la libertad de cátedra que nadie ha podido arrebatarnos.
La Universidad de Los Andes ha resistido los embates de tiempos oscuros para llegar a los días de luz con una verdad irrenunciable: sólo el conocimiento nos hará verdaderamente libres y ciudadanos de pleno derecho.
La reconstrucción de Venezuela requiere de nuestros científicos para sanar el sistema de salud, de nuestros ingenieros para levantar la infraestructura, de nuestros humanistas para sanar el tejido social y de nuestros economistas para devolverle la dignidad al trabajo y al esfuerzo de cada ciudadano.
En ese sentido, hago un llamado a cada profesor, a cada estudiante y a cada trabajador ulandino: la excelencia académica es hoy nuestro mayor acto de patriotismo. Cada clase impartida y cada investigación concluida es un ladrillo en la edificación de una nueva República.
No buscamos el poder, buscamos la luz que da el saber. Venezuela nos necesita listos, con los libros abiertos y la voluntad dispuesta. El cambio profundo que anhelamos empieza aquí, en los pasillos de nuestra universidad autónoma.
Por la educación, por la libertad y por Venezuela.
¡Que la Universidad de Los Andes y todas las universidades autónomas de nuestro país sigan siendo el faro que ilumine el camino hacia el bien común!
