Más de 700 merideños participaron en busca del Récord Guinness de la orquesta más grande mundo

 Una odisea que recompensó lo vivido por estos jóvenes 







Nelson Dugarte 


A cinco días de ejecutarse el gran reto de la orquesta más grande del mundo, donde participaron más 12.000 niños y jóvenes, quienes llevaban dos meses ensayando para interpretar la Marcha Eslava de Tchaikovsky, entre ellos estaban los 700 merideños. Ya que este récord lo tienen unos 8.097 músicos rusos, solo falta la decisión de la empresa mundial Récord Guinness

En esta odisea de ensueño, logramos conversar con la merideña Ana Zerpa, clarinetista,    quien nos contó su experiencia en "La orquesta más grande del mundo" y nos dijo que “Las palabras se quedan cortas para expresar lo que cada uno de nosotros vivió durante toda esta aventura. Me siento muy feliz de haber participado en tan grandiosa hazaña y formar parte de la historia de nuestro país y del sistema de orquestas”.

“Todo el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio que realizamos, más el cariño y amor que le colocamos, fue totalmente recompensado con la majestuosidad del momento que vivimos, mientras interpretamos cada una de las piezas, agregó Zerpa.

También indicó, “hoy más que nunca quiero agradecerle al Sistema de Orquestas por regalarme una familia llena de personas magníficas y por reencontrarme con maestros, profesores y amigos que no veía desde que éramos niños, entre los amigos que me acompañaron estaban Luis Zerpa (contrabajo), Carlos González (contrabajo) y Martín Sánchez (violín)”.

Finalmente, la joven Zerpa detalló que “aunque no fue nada fácil, cada uno de nosotros puede decir con orgullo ¡Qué asombrosos somos! Quisiera decir y aclarar que ninguno de nosotros participó por motivos de temas políticos. Lo hicimos porque amamos, honramos y respetamos la música, porque con ella nos comunicamos y nos sentimos vivos. También, por vivir una gran aventura, conocer caras nuevas y personas que admiramos. Más allá de todo el récord, fuimos porque amamos lo que hacemos, amamos nuestros instrumentos y queríamos sentir de nuevo esa sensación de tocar en una gran orquesta. Fue una experiencia inolvidable y una manera de demostrar que la música va más allá de todo, que no tiene límites y que logró unir a millones de familias venezolanas, tanto dentro como fuera del país”.