El maléfico calvario del gas en Mérida


 




Emulando a Santo Tomás de Aquino “ver para creer”, escuchar para creer, el maléfico inhumano calvario que los merideños y no merideños, están confrontando para hacerse de una bombona de gas, una verdadera calamidad, convertida en tragedia colectiva, toda vez que, aparte de pagarla a precio dolarizado bachaqueado, si no se pertenece al Consejo Comunal del sector donde se reside, chao contigo, no tienes derecho a contar con el codiciado combustible doméstico.


En la consabida crisis y cuarentena por la pandemia coronavirus, el suministro del gas por parte de las empresas autorizadas, es manejado indiscriminadamente, por los Consejos Comunales, donde hay que registrarse, de lo contrario, no le venden la bombona, debe pagar en dólares, porque para rematar, de carambola, le aceptan bolívares, sin olvidar, que los camioneros que las cargan, pertenecientes a las Empresas surtidoras, aumentan a su antojo el precio del cilindro y paremos de contar, todo lo que se escucha, para poder lograr una bombona de gas.


Es el maléfico calvario del gas en Mérida, donde todos sus habitantes, estén o no, registrados en un Consejo Comunal, tienen el derecho constitucional ciudadano, de que le surtan el codiciado combustible, pagando lo que le pidan, en estos tiempos, en el que el bachaqueo, reina campante en el Estado, las comunidades  cansadas, de la escasez, están saliendo a la calle, a protestar, trancar vías, es su justo derecho que nadie puede coartar, sabedores de que a diario por la madrugada se observan llegar a la ciudad, gandolas portadoras del anhelado producto que no llega al pueblo, como debe ser, cruel verdad, realidad, imposible de esconder, muchos, aunque suene drástico “pasando hambre”, por no poder cocinar, ni con cocinilla eléctrica por los cortes de luz y ni con leña, mejor no digamos más (Giovanni Cegarra, GC. CNP. 2229).