El año del coronavirus se carga también el toreo en Venezuela

 

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TOREO EN VENEZUELA Y COVID-19


Poco o testimonial se pudiera decir que ha resultado estos últimos meses, con la incertidumbre también que las primeras citas del calendario en suelo andino se vean condicionadas por la actual situación.


Rubén Darío Villafraz

No es el mejor panorama de cara al futuro. Sí la situación era complicada, antes de la pandemia, con numerosas plazas cerradas, a cal y canto, como es el caso del llorado Nuevo Circo de Caracas, o la imponente Monumental de Valencia, la reliquia que significa la Plaza de Toros de Maracay, o el abandono adrede de la Monumental de Maracaibo, más lo ha sido en estos meses donde otras plazas de citas puntuales de la temporada han pasado cerradas, sin poder abrir de cara a un número ya de por sí reducido de festejos.

Los números que nos ofrece el acucioso cronista taurino emeritense, Víctor Eduardo Ramírez “Vitico”, son un claro reflejo de lo que ha sido un año gafado desde marzo, donde se activaría el régimen de cuarentena que nos ha traído hasta la fecha en una especie de confinamiento domiciliario muy sui generis.

Solo siete, óigase bien, siete corridas de toros, las que se escenificaron en el año que estamos a punto de dar carpetazo. Tres en San Cristóbal, otras tres en Mérida, y una sola, en Valle la Pascua. Sintetizamos que dichos festejos mayores se escenificaron en el marco de sus respectivas ferias, como son la de San Sebastián, Feria del Sol y Feria de la Virgen La Candelaria.


De estos espectáculos, se tiene registro que hayan actuado 16 matadores de tres nacionalidades distintas, en su mayoría nacionales. Así mismo 7 ganaderías se vieron lidiar sus reses, de los cuales, 43 fueron toros y 10 fueron novillos, de las ganaderías San Antonio, Rancho Grande, El Prado, Laguna Blanca, Juan Campolargo, Los Aránguez y Los Ramírez


En el renglón de matadores, sería el taribense Jesús Enrique Colombo quien lideró el escalafón con 5 corridas de toros toreadas, de las cuales cortó 10 orejas, indultó un toro y salió cuatro veces a hombros, actuando específicamente en los ruedos de San Cristóbal y Mérida en sus abonos. Por su parte, “El Fandi” fue el espada extranjero que más se prodigó con dos tardes, ambas en Pueblo Nuevo, donde cortaría tres orejas.


Y el escalafón menor, es decir los novilleros, ha sido el más diezmado, con actuaciones puntuales de jóvenes espadas como el merideño José Gutiérrez, quien en la Feria del Sol, en el atípico cierre de esta, saldría en hombros, tras cortar dos orejas. El único que saldría en volandas, donde dejaron buena tarjeta ante el aficionado el ecuatoriano Juan Francisco Almeida y el peruano Samuel Calderón.


En síntesis, esto y poco más ha dado la fiesta brava por nuestros ruedos, entre lo más destacado, haciendo votos extensivos para que en las próximas semanas se defina que pudiera deparar ferias de enorme referencia e importancia, como es el hecho que en San Cristóbal se haya anunciado toreros y ganaderías, con fechas puntuales para finales de enero, pero a la par de cómo ha evolucionado la pandemia en el Táchira, se encuentren en estos momentos en el aire ver su realización, como ocurre también en Mérida, en el marco de la Feria del Sol, para las fechas del 11 al 16 de febrero, donde poco o nada se ha dicho de esta, en la que ni siquiera, al amparo de las autoridades taurinas municipales y estadales, no ha habido interés en incentivar el ambiente del lio del toro, a falta de poco más de 50 días de llevarse a cabo.


Queda en el tintero el futuro así mismo que tengan otras arenas del país – ya reseñadas- donde se ha coartado de plano ya por desinterés gubernamental, el mantenimiento, cuido y provecho a unas instalaciones de un rico acervo cultural, que no del todo ha sido entendido, ya sea por cuestiones ideológicas o interés económico de grupos animalistas que han minado con un discurso tergiversado lo que realmente implica la fiesta brava en las ciudades que culturalmente ha estado presente como seña de su identidad e historia.