A pesar de los anuncios repetidos y los cuantiosos recursos asignados, la realidad en 2026 es desoladora. Mientras se celebran recuperaciones puntuales en Caracas a través de la «Gran Misión Venezuela Bella», los museos del interior agonizan.
En Mérida, el Museo Arqueológico de Mérida «Gonzalo Rincón Gutiérrez», adscrito a la ULA, funcionó en 2023 con un presupuesto irrisorio de apenas 1.200 bolívares (aproximadamente 36 dólares) para todo el año, como reseña el informe «El derecho a participar en la vida cultural», elaborado ese año por el ODH-ULA. Para 2026, la situación financiera no ha mejorado.
La investigación de este Observatorio confirma que los servicios culturales en el estado Mérida están gravemente afectados. Museos como el Juan Astorga Anta y el Museo de los Andes «Benigno y Vicenta Sánchez» tienen filtraciones graves que amenazan colecciones de más de 500 obras. En 2019, el IAM Venezuela publicó un reportaje que advertía el riesgo de que se perdiera una colección con piezas de 9.000 años de existencia del Museo Arqueológico de Mérida.
En 2022, la ONG Aula Abierta denunció el estado de emergencia en el que se encontraba el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (MACZUL). Para ese entonces, esta institución funcionaba con apenas 30 % del presupuesto necesario para su mantenimiento, además de enfrentar constantes robos de su cableado eléctrico.
Pero la vulneración del derecho a la cultura no solo ocurre por falta de financiamiento. En el citado informe del ODH-ULA se denunció la instrumentalización política de los museos en Venezuela, utilizados frecuentemente para eventos partidistas, desvirtuando así su función de estudio, educación y contemplación.
